Para explorar a través del movimiento y las emociones

La Escuela Ernesto de Larrechea cuenta con un ciclo que sirve como primer contacto de los niños y niñas con el arte.

Al escuchar el piano comienzan lentamente a mover sus cuerpos. Lo hacen con gracia y sin ocultar la emoción que les produce estar allí. Tienen entre 6 y 8 años y aprenden sus primeros pasos en la Escuela Municipal de Danza y Arte Escénico Ernesto de Larrechea.

“La expresión corporal es una de las artes más democráticas porque siempre se trabaja en grupo, a través de consignas y juegos”, describe María José Sesma, directora de la institución, respecto de este ciclo de formación integral, donde niñas y niños tienen su primer contacto con el arte.

Antes se inscribían en teatro o danza. Sin embargo, esta propuesta pedagógica comprende ahora un período inicial de dos años para explorar y desarrollar posibilidades creativas a través del movimiento, la palabra y la expresión. “La idea es que puedan experimentar este espacio a partir del conocimiento del propio cuerpo y las emociones, conocer además cuál es el origen del movimiento y lograr relacionarse con el otro a través del teatro y la danza”, explica Sesma. La escuela emplazada en la casona de la esquina de Santa Fe y España incorporó hace unos años este ciclo de formación integral, que habilita además la descentralización artística educativa.

Los grupos integrales se caracterizan por ser una práctica de construcción y producción colectiva, valorando el cuerpo no estereotipado y priorizando características propias de cada niño y grupo. Una vez finalizado este ciclo inicial podrán optar por la especialidad en la que deseen formarse: si es en teatro serán seis años más y siete si eligen danza.

Que sea danza o teatro

“Al acceder y abordar el aprendizaje de las artes escénicas desde otro lugar, los niños son sujetos con poder para desarrollar esas potencialidades creativas y no como algo establecido. A veces se confunde a la danza con modelos determinados y de copia. La idea es desandar esos movimientos y volver aprender”, dice Sesma. La directora destaca que la incorporación de los cursos de formación integral marcó un cambio en la forma de acceso del niño a estos bienes simbólicos como son la danza y el teatro.

Llegan hasta ahí porque les gusta bailar o actuar. Sesma comenta que todavía se genera cierta confusión al pensar que vienen a una clase de ballet. “Aquí descubren una propuesta lúdica en la enseñanza de las artes escénicas, descubren que son sujetos unidos por ese cuerpo y espíritu”. Sesma recuerda su trayectoria en la institución, primero como alumna a partir de los 8 años, y más tarde especializándose como actriz y profesora.

“El chico demuestra naturalidad en sus actos y se sorprende, descubre que el arte no es una competencia sino una forma de juego. En el teatro, el chico pone en escena todas aquellas vivencias que tiene en su vida cotidiana. Juega a ser algo, juega como si fuera o hiciera porque esa es la forma que tiene durante la infancia y hay que respetarlo”, agrega.

Para ingresar a la escuela de danzas, la preinscripción se realiza en línea durante el mes de octubre, y luego a través de la Secretaría de Cultura se realiza un sorteo entre los aspirantes. La directora comenta que el año pasado ingresaron 120 alumnos de 400 inscriptos. “Al descentralizar la escuela, más chicos y chicas tienen la posibilidad de cursar, pero todavía cuesta instalar esta opción”.

Imaginarios

¿Cuál es la concepción que se tiene hoy de la danza? “Es un tema profundo de analizar. Por un lado, existe mayor acceso desde los medios de comunicación, a veces mal entendido de lo que es la danza, con la idea de que mirando un video o entrenando un poco se puede ser bailarín. Por supuesto que todos podemos bailar y tener acceso a la danza, pero existe una formación para eso”.

Atrás quedó la concepción elitista que tenía la danza clásica, sin embargo la directora reconoce que muchas familias todavía vienen con la idea de que sus hijas aprendan ballet. “La imagen social de la bailarina continúa siendo la de tutú, zapatillas de punta y rodete. El concepto de cuerpo fue cambiando también y esa exagerada exhibición en las redes sociales no es real. En el arte pasa todo lo contrario, se trata de descubrir lo que cada uno tiene para dar y respetar las emociones”, continúa. Este cambio social y cultural implica dejar atrás también esa idea de que al arte solo acceden las niñas, algo que cuesta todavía instalar cuando las mujeres ocupan casi la totalidad de vacantes que ofrece la escuela.

Fuentes: https://www.lacapital.com.ar/